La colonia donde crecimos era del tipo popular y aunque al pagar el predio se leía en la boleta “Zona residencial” pues padeciamos de la sequía en las temporadas calurosas del año, de marzo a junio y como mes crítico abril. Los primeros años fueron de tener los mega-botes y multi-botes para abastecernos en medida que era necesario, recuerdo que era por la noche el momento ideal para abrir la llave y que las cubetas se llenaran con el mega-chorrito que apenas se escapaba del tubo, pero no siempre la librabamos, en ocasiones tuvimos que ir a la toma del parque y hacer la fila del agua para llenar nuestras cubetas, ir a dejarlas o vaciarlas y regresar corriendo para hacer la fila de nueva cuenta. Y así un año tras otro.
Pero un buen día los vecinos empezaron a hacer hoyos en sus patios del frente, nosotros como buenos chamacos ibamos a ver como los albañiles sacaban las carretadas de tierra e iban a vaciarlas al llano, lo sabíamos porque también ibamos tras ellos para ver donde la llevaban y que hacían con ellas, luego regresabamos y seguiamos viendo y comiendo dulce hasta que se nos acababa el dulce o nos aburriamos. Pero luego ponian tabique, cemento, puertita y bomba y !zas!, ya había cisterna. Así que mis padres al ver que la vecina del 13, del 14, la del 7 y la del 8 hicieron sus cisternas, la del 19 sólo hizo el hoyo y duró años, pero ese será otro recuerdo acá, pues juntaron su lanita y se aventaron mandando a hacer la suya propia.
Como toda empresa de construcción, derivada de la iniciativa familiar, se consultó a una serie de expertos en la materia, así que el vecino del 7, la del 13 y la del 8 asesoraron y dieron sus mejores recomendaciones, llegando así al momento esperado que fue que un día destrozaran el poco pasto que había en el frente, se cavara un gran hueco y al final se dejara un piso gris y una tapa de metal como adorno final.
Listo, los problemas con el agua estaban solucionados, ahora sólo falta…
Los problemas se presentaron cuando se acababa el agua del tinaco, pues éste alimentaba toda la casa cuando no había agua corriente, pero se vaciaba cuando no se cerraba la llave de paso de la calle y si ésto pasaba pues había que subir a la azotea a monitorear el nivel de agua, prender la bomba y calcular unos 15 minutos para que no se derramara; esa tarea se convirtió en un hábito y se hubiera solucionado con un sistema electrónico automático. Pero eso no sucedió, no ha sucedido y no creo que suceda pronto.
Por esos años yo iba a la secundaría, primero o segundo grado y mis hermanos a la primaria, en tele se veían los Pitufos, Don Gato, Los picapiedra y Las aventuras de Tom Sawyer, recuerdo que este último era mi favorito y en punto de las 3 de la tarde, por canal 9 me sentaba ansioso de ver a este puberto cabroncete hacer de las suyas, ¿te acuerdas del capítulo en que conoce a Becky? Si, donde se sube a la rama de un árbol, desata sus tirantes, rodea la rama…
Un día se terminó el agua y fue a mi hermano al que se le encomendó la misión de subir a monitorear, llegó a la base del tinaco, levantó la tapa y miró en el interior, se asomo para buscarme en la calle y me hizo la marca de lo que faltaba, luego entonces hizo el ademán y me espanté, se desató los tirantes, rodeo un tubo de cobre y grito:
— ¡Mira, soy Tom Sawyer!—
el chamaco cabrón se lanzó al vacío, yo sólo ví como los tirantes cedieron y se zafaron, cayó en el piso de la azotea, 1 metro de altura, sólo un susto, no hubo raspones, corrí muerto de risa para ayudar a mi hermano y en el camino le avisé a mi mamá lo que pasaba, cuando llegamos el lloraba y no se había levantado todavía, lo ayudamos y su tino fue voltear a verme, yo no paraba de reir, me dibujó una sonrisa y preguntó entre lágrimas:
— ¿Me viste?!—
Nota. Ningún animal resultó lastimado en esta aventura.
Niños, si piensan recrear estas increibles aventuras que sea bajo la supervisión de un adulto, y no, un hermano mayor no cuenta.
El País de las Aventuras
Hace 2 semanas


0 comentarios:
Publicar un comentario