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lunes, 5 de marzo de 2012

¡Nos cambiamos enfrente!

Dicen que todo por servir se acaba y, aunque este no es el caso, me cambio, me mudo, me traslado de servicio de blog, pero no se espanten, el contenido de este sitio seguirá publicado hasta el fin de los tiempos o hasta que el mundo se nos acabe, lo que suceda primero.

Por lo pronto te paso el enlace para el nuevo blog: Justo por aquí…

Sonrie.

martes, 6 de diciembre de 2011

Memorias











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5 de diciembre, 2011 | Por Aldebarán


Desde lo más recóndito de mis recuerdos infantiles y hasta esta fecha que por enésima vez ronda el final de los tiempos, mi padre ha tenido una única y casi religiosa afición por los automóviles, la cual nunca pude disfrutar tanto como el.

Recuerdo que mi padre con más energía que tacto me arrastraba de la mano por parajes metálicos de olor añejo y dulzón (después descubriría que en realidad era grasa común) entre tanto cascajo y fierro retorcido hubiese sido el paraíso para cualquier aventurero de corazón como yo, pero por lo riesgoso del terreno siempre fui confinado a la pequeña oficina del taller, dónde guardaban sucios asientos, cajas abarrotadas, cartones, panfletos, refacciones y en ocasiones un sucio televisor, pero para mi asombro en ese lugar encontraría algo más.

Y es que con gran curiosidad y cierta inocencia ahí fué tomando forma la gran devoción hacía lo casi perfecto que es el cuerpo de una mujer, observar temeroso y casi a escondidas aquellos posters descoloridos con mujeres semi desnudas posando de maneras inusuales, incluso para mi suerte en alguna ocasión algún pezón salió a recibirme con los ojos grandes como espejos envolviéndome en una mística nueva, en en esa época dónde todavía los niños eramos niños y la televisión no nos había alienado tanto, acceder a esas imágenes casi oníricas era por demás escandaloso y aterrador.

Repasar con la vista los torneados pechos de una mujer de papel, en aquella época provocaba ningún cambio físico en mi, era más bien como adentrarse en un laberinto de más dudas que satisfacciones, era coquetear con lo prohibido, un atisbo al desconocido mundo de la belleza femenina a su máximo esplendor.


Texto tomado de Literatura libre

viernes, 11 de noviembre de 2011

Nacidos para perder


Escribimos desde la ciudad que amamos y que nos enloquece. La ciudad cuyas maravillosas luces del atardecer y cuyos ciudadanos de todos los días nos iluminan.

Solemos hacerlo desde la rabia que provoca la injusticia, el abuso del poder, la corrupción, el miedo, la doble moral mojigata de aquellos que bendicen con la mano derecha y se masturban con la izquierda.

Escribimos desde la vaga sensación mutante de que nada de lo que se pone en el papel ha de alterar la historia, ni siquiera la historia personal, y sin embargo desde la clara percepción y la esperanza de que en medio de la selva urbana de antenas de televisión, alguien nos escucha y todo está cambiando.

Escribimos desde las pasiones desgastadas, y no por ello menos intensas, de los que se saben propietarios de la letra en países dominados por la perversión de la falacia de las ondas y el analfabetismo funcional; bromeamos en las ferias del libro y decimos que 60 firmas nuestras, libro incluido, se canjean por una de Maradona y dos de Hugo Sánchez.

Escribimos desde las vocaciones de la voluntad, la leyenda, la utopía, el humor negro, la sátira, el melodrama involuntario, el realismo accidental.

Escribimos como si nos fuéramos a morir si no pudiéramos contar un cuento de hadas, los delirios del presidente, la ausencia del parque del Seguro Social, la cascarita futbolera de la esquina, la resistencia tenaz de los huelguistas; como si pudiéramos convocar los fantasmas de Pancho Villa, José Revueltas y el cura Matamoros. Y efectivamente nos morimos si dejamos de hacerlo.

Escribimos como si nos fuera el alma en el intento, como si fuéramos a perder el último tranvía nocturno si no ponemos el acento o encontrar la palabra que describe el smog en las noches, cuando no es posible verlo.

Y llamamos a leer, porque fieles a las tradiciones de la izquierda, pensamos que la lectura desata la imaginación, el pensamiento crítico, liquida a la soledad y que sin duda: “verbo mata a carita”.

Escribimos porque creemos en el poder de la palabra escrita, en su insinuante capacidad transformadora. Sabemos que la literatura es el gran instrumento de destrucción de las neuronas averiadas, que es el gran barco alienígena que navega en nuestras cabezas; que nadie será el mismo después de haber leído el diario de Ana Frank, que no se puede ser racista a los 40 si en la adolescencia fuiste sandoka-salgariano, que no está mal usar como los cuatro mosqueteros la palabra “honor”; que cuando Lenin fallaba Robin Hood era infalible, que se liga mejor con los poemas de Neruda y que el conde de Montecristo es el portador de algo tan sagrado como la vocación de la venganza, el mejor de los instrumentos políticos en estas tierras.

Escribimos desde el lugar que nos ha escogido y que hemos decidido nuestro, desde una ciudad cuyo nombre evoca temblores, represiones, gloriosas luchas populares y que a veces nos parece el último reducto de las pasiones en un planeta descafeinado y light.

No necesitamos una cuota extra de exotismo para que nuestros lectores nos quieran, compartimos con ellos el amor por cosas reales o inventadas, como el Ajusco al atardecer, la lluvia torrencial estimulada por Tláloc, el color escarlata de los cielos, el penacho de Moctezuma, los maratones de barrio, los personajes que se cortan las venas por amor, los puestos de comida callejeros a la salida del Hospital General, la rumbosa marcha de las obreras de Medalla por Reforma, segundos antes de que las reprimieran, la sensación de que un libro es tan útil como una hamaca en la selva amazónica peruana o la idea de que el sexo es una fiesta peligrosa.

Escribimos en una ciudad en la que sólo son inmutables la virgen de Guadalupe y el osito bimbo, en su eterna falacia virtual, los 40 ladrones de Alí Babá que cobran cheque en la tesorería federal y la certeza de que ni el futbol, ni la lotería, ni el voto manchado por el fraude nos harán justicia.

Escribimos sonriendo cuando recordamos que nos hemos hecho una camiseta en cuyo frente reza: “Nacidos para perder”, pero a la que sagázmente le hemos puesto en la espalda: “Pero no para transar”. Y que la camiseta de tantos años de lavarla luce sus letras orgullosamente deslavadas.

No pedimos más de lo que ya tenemos: la posibilidad de escribir y que nos lean.

Y narramos por tanto, desde la feroz y divertida rabia de los que han perdido el avión tantas veces y en tantos aeropuertos, que empiezan a recobrar el sentido del viaje.

(Discurso pronunciado ante la ALDF, tras recibir la medalla.)

lunes, 3 de octubre de 2011

Hoy en la historia: Alemania unificada




3 de octubre, 1990

El 3 de octubre de 1990, Alemania oriental y occidental se reúnen, finalizando 45 años de división por la guerra fría. Como consecuencia de la segunda guerra mundial, Alemania fue dividida entre las cuatro principales potencias aliadas: la Unión Soviética, los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. En 1949, los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia reunieron sus zonas de ocupación para crear la República Federal de Alemania en Alemania Occidental, mientras que los soviéticos establecieron la República Democrática de Alemania comunista en Alemania Oriental. Luego de más de cuatro décadas, cerca de un millón de alemanes se reunieron en el Reichstag en Berlín para marcar la reunificación alemana. En la medianoche del 3 de octubre de 1990, la Campana de la Libertad, un regalo de los Estados Unidos, sonó y Alemania fue nuevamente una nación unida. El estado alemán del este, que esencialmente había colapsado en 1898, fue disuelto, y toda su población pasó a ser ciudadana de la República Federal de Alemania. En 1993, Alemania unificada se incorporó a la Unión Europea.

Hoy en la historia: Nace la Real Academia de la Lengua Castellana

3 de octubre, 1714

Felipe V funda la Real Academia de la Lengua Castellana, a la que se le confía cuidar la pureza y propiedad de nuestra lengua. La Real Academia Española se fundó en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena. Felipe V aprobó su constitución el 3 de octubre de 1714 y la colocó bajo su "amparo y Real Protección". Su propósito fue el de "fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza". Se representó tal finalidad con un emblema formado por un crisol al fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor, obediente al propósito enunciado de combatir cuanto alterara la elegancia y pureza del idioma, y de fijarlo en el estado de plenitud alcanzado en el siglo XVI. La Real Academia Española ha ido adaptando sus funciones a los tiempos que le ha tocado vivir. Actualmente, y según lo establecido por el artículo primero de sus Estatutos, la Academia «tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico».

Láztima ke a las nuevaaas geeneraciones lees inporte poko el lenguage. #hedicho